viernes, 3 de marzo de 2017

Día 3 de 40: El amor no es egoísta.

«Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos.» (Romanos 12, 10)

Vivimos en un mundo prendado de sí mismo. La cultura que nos rodea nos enseña a concentrarnos en nuestra apariencia, nuestros sentimientos y nuestros deseos personales como si fueran la prioridad fundamental. Parece que el objetivo es buscar el mayor nivel de felicidad que sea posible. Sin embargo, el peligro de este modo de pensar se hace dolorosamente evidente cuando se está dentro de una relación matrimonial.

Si hay una palabra que signifique en esencia lo opuesto del amor, es egoísmo. Por desgracia, todas las personas lo traen arraigado desde el nacimiento. Puedes verlo en el comportamiento de los niños y, a menudo, en el maltrato entre adultos. El origen de casi todo acto pecaminoso que se haya cometido puede encontrarse en una motivación egoísta. Es un rasgo que detestamos en las demás personas pero que justificamos en nuestro caso. Sin embargo, no puedes señalar las muchas maneras en las que tu cónyuge es egoísta sin admitir que tú también podrías serlo. Sería hipócrita.

¿Por qué tenemos criterios tan bajos para nosotros y expectativas tan altas para nuestra pareja? la respuesta es cruda: todos somos egoístas.

Cuando un esposo pone sus intereses, sus deseos y sus prioridades antes que su esposa, es una señal de egoísmo. Cuando una esposa se queja sin parar del tiempo y la energía que gasta para satisfacer las necesidades de su esposo, es una señal de egoísmo. Sin embargo, el amor «no busca su propio interés» (1Corintios 13,5). Las parejas amorosas (las que disfrutan del propósito pleno del matrimonio) se empeñan en cuidar bien al otro ser humano imperfecto con quien comparten la vida. Esto se debe a que el verdadero amor busca maneras de decir "sí".

Un aspecto irónico del egoísmo es que aun los actos de generosidad pueden ser egoístas si la motivación es jactarse o recibir una recompensa. Si haces algo bueno para manipular en forma deshonesta a tu esposa o esposo, sigues siendo egoísta. En pocas palabras, o tomas decisiones por amor a los demás o por amor a ti mismo.

El amor nunca se satisface si no es por el bien de los demás. No puedes actuar con amor verdadero y con egoísmo al mismo tiempo. Elegir amar a tu pareja hará que digas «no» a lo que quieres para poder decir «sí» a lo que el otro necesita. Significa colocar la felicidad de tu pareja por encima de la tuya. No quiere decir que nunca puedas experimentar la felicidad, pero no invalidas la felicidad de tu cónyuge para poder gozar de ella.

Además el amor trae una alegría interior. Cuando le das prioridad al bienestar de tu pareja, hay una satisfacción que las acciones egoístas no pueden copiar. Es un beneficio que Dios creó y lo reserva para quienes demuestran amor en forma genuina. La verdad es que cuando renuncias a tus derechos por el bien de tu pareja, tienes la oportunidad de pasar a un segundo lugar en pro del propósito supremo del matrimonio.

Nadie te conoce tan bien como tu cónyuge. Esto significa que nadie reconocerá con mayor rapidez un cambio cuando en forma deliberada comiences a sacrificar tus necesidades y deseos para asegurarte de que los de tu pareja se satisfagan.

Si te resulta difícil sacrificar tus propios deseos para beneficiar a tu cónyuge, quizá tengas un problema más profundo con el egoísmo de lo que quieres admitir:

Hazte las siguientes preguntas:
  • ¿En verdad quiero lo mejor para mi cónyuge?
  • ¿Quiero que sienta que le amo?
  • ¿Creerá que quiero lo mejor para ella?
  • ¿Me percibe como alguien que primero busca su propio bienestar?
Ya sea que te guste o no, tienes una reputación a los ojos de las personas que te rodean, en especial, a los ojos de tu cónyuge. ¿Es una reputación de amor? Recuerda, tu cónyuge también tiene el desafío de amar a una persona egoísta. Así que decide ser el primero en demostrarle el verdadero amor, con plena conciencia de lo que haces. Y al final, los dos se sentirán más realizados.

«No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos.» (Filipenses 2,3)

EL DESAFÍO DE HOY

Las cosas a las que les dediques tu tiempo, tu energía y tu dinero cobrarán más importancia para ti. Es difícil que te importe algo en lo que no inviertes. Además de refrenarte de los comentarios negativos, cómprale algo a tu cónyuge que le comunique: «hoy estuve pensando en ti».

Meditar: Proverbios 5
http://www.vatican.va/archive/ESL0506/_PLN.HTM#7W


Escuchar el audio de Salvar mi matrimonio antes y después de la boda de Christian Huerta:
https://www.youtube.com/watch?v=2vENeggbVao

jueves, 2 de marzo de 2017

Día 2 de 40: El amor es amable.

«Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo.» (Efesios 4,32)

La amabilidad es el amor en acción. Si la paciencia es la manera en que el amor reacciona para reducir al mínimo una circunstancia negativa, la amabilidad es la manera en que el amor actúa para aumentar al máximo una circunstancia positiva. La paciencia evita un problema; la amabilidad crea una bendición. Una es preventiva, la otra es dinámica. Estas dos caras del amor son las piedras angulares sobre las cuales se construyen los demás atributos que trataremos.

El amor te hace amable. Y la amabilidad te hace agradable. Cuando eres amable, las personas quieren estar cerca de ti. Perciben que eres bueno con ellas y que les haces bien.

La Sagrada Escritura declara: «Que nunca te abandonen la buena fe y la lealtad: átalas a tu cuello. escríbelas sobre la tabla de tu corazón, y encontrarás favor y aprobación a los ojos de Dios y de los hombres» (Proverbios 3,3-4). "Amabilidad" puede parecer un término genérico para definir, y más aún para poner en práctica. Así que separaremos la amabilidad en cuatro ingredientes esenciales.

Dulzura. Cuando obras con amabilidad, tienes cuidado de cómo tratas a tu cónyuge y jamás eres demasiado severo. Eres sensible y tierno. Aun si es necesario decir algo difícil, harás lo imposible para que tu reprimenda o desafío logren ser tan fáciles de escuchar como sea posible. Dices la verdad con amor.

Servicio. Ser amable significa que cubres las necesidades del momento. Si se trata de tareas domésticas, te pones a trabajar. ¿Hace falta un oído dispuesto? Lo proporcionas. La amabilidad adorna al esposo con la capacidad de servir a su esposa sin preocuparse por los derechos propios. La amabilidad hace que un esposo tenga curiosidad de descubrir lo que su esposa necesita, y lo motiva a ser el que dé un paso al frente y se asegure de que esas necesidades se satisfagan ... aun si las propias quedan en espera.

Buena disposición. La amabilidad te inspira a estar dispuesto. En lugar de ser obstinado, reacio o terco, cooperas y te mantienes flexible. En vez de quejarte y poner excusas, buscas razones para llegar a un acuerdo y adaptarte. Un esposo amable termina miles de posibles discusiones con su disposición de escuchar antes de exigir que se haga lo que quiere.

Iniciativa. La amabilidad piensa de antemano y luego da el primer paso. No se sienta a esperar que la impulsen u obliguen a salir del sofá. El esposo o la esposa amable será el que salude primero, el que sonría primero, el que sirva primero y perdone primero. No necesita que el otro haga las cosas bien para demostrar amor. Cuando obras desde la amabilidad, ves la necesidad y das el primer paso.

Jesús describió de manera creativa la amabilidad del amor en la parábola del buen samaritano, que se encuentra en Lucas 10,25-37. A un hombre judío lo atacan unos ladrones y lo dejan moribundo en un camino apartado. Dos líderes religiosos, respetados entre su gente, pasan y deciden no detenerse. Estaban demasiados ocupados. Eran demasiado importantes. Les gustaba demasiado tener las manos limpias. Sin embargo, un hombre común de otra raza (de los odiados samaritanos, cuyo desprecio por los judíos era tanto amargo como mutuo) vio a este extraño necesitado y se conmovió con compasión. Cruzó todas las barreras culturales y se arriesgó a hacer el ridículo, pero se detuvo a ayudar al hombre. Vendó sus heridas, lo colocó sobre su propio burro, lo llevó a un lugar seguro y pagó todos los gastos médicos de su propio bolsillo.

En donde años de racismo habían causado conflictos y división, un acto de amabilidad unió a dos enemigos. Con dulzura. Por medio del servicio. Con buena disposición. Este hombre tomó la iniciativa y demostró la verdadera amabilidad en todas sus formas.

¿Acaso al principio no fue la amabilidad algo clave que los unió a ti y a tu cónyuge? Cuando te casaste ¿no esperabas disfrutar de su amabilidad durante el resto de tu vida? ¿Acaso tu pareja no sentía lo mismo con respecto a ti? Aunque los años pueden mitigar ese deseo, tu placer en el matrimonio sigue estando ligado al nivel diario de amabilidad expresada.

La Sagrada Escritura describe a una mujer cuyo esposo e hijos la bendicen y la alaban. Entre sus atributos nobles se encuentran: «Abre su boca con sabiduría y hay en sus labios una enseñanza fiel.» (Proverbios 31,26) ¿En qué lugar del medidor de amabilidad te colocaría tu cónyuge? ¿Cuán severo eres? ¿Cuán dulce y servicial? ¿Esperas que te pidan las cosas o tomas la iniciativa para ayudar?

Es difícil demostrar amor cuando tienes poco o nada de motivación. Sin embargo, el amor en esencia no se fundamenta en los sentimientos; sino que toma la determinación de manifestar amabilidad aun cuando parezca no haber recompensa. Nunca aprenderás a amar hasta que aprendas a ser amable.

DESAFÍO DE HOY

Hoya también, además de no decirle nada negativo a tu cónyuge, realiza al menos un gesto inesperado como acto de amabilidad.

Meditar Lucas 10,25-37
http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PVS.HTM

Escuchar el audio de los Monstruos del Matrimonio de Fray Nelson Medina O.P.
https://www.youtube.com/watch?v=Mg5u0-Reqh0

miércoles, 1 de marzo de 2017

Día 1 de 40: el amor es paciente.

«Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor.» Efesios 4,2

El amor da resultado. Es el motivador más poderoso de la vida y tiene una profundidad y un significado tanto mayor de lo que comprende la mayoría de las personas. Siempre hace lo mejor para los demás y puede darnos la capacidad de enfrentar el problema más terrible. Nacemos con una sed de amor que dura toda la vida. Nuestro corazón lo necesita con desesperación, como nuestros pulmones necesitan oxígeno. El amor cambia nuestra motivación para vivir. Con él, las relaciones cobran significado. Ningún matrimonio puede tener éxito sin amor.

El amor se apoya en dos pilares que lo definen a la perfección. Esos pilares son la paciencia y la bondad. Las otras características del amor son extensiones de estos dos atributos. Y aquí comenzará tu desafío: con la paciencia.

El amor te inspirará a transformarte en una persona paciente. Cuando decides ser paciente, respondes en forma positiva frente a una situación negativa. Eres lento para enojarte. Decides guardar la compostura en lugar de enfadarte con facilidad. En vez de ser impaciente y exigente, el amor te ayuda a calmarte y comenzar a demostrar misericordia a los que te rodean. La paciencia trae una tranquilidad interior durante una tormenta exterior.

A nadie le gusta estar cerca de una persona impaciente. Hace que reacciones exageradamente con enojo, insensatez y de manera lamentable. El enojo frente a una situación injusta irónicamente, genera nuevos agravios. El enojo casi nunca mejora las cosas. Es más, en general produce problemas adicionales. Por el contrario la paciencia para en seco cualquier controversia. Más que morderte el labio, más que taparte la boca con la mano, la paciencia es un suspiro profundo. Despeja el ambiente. Es la decisión de controlar tus sentimientos en lugar de permitir que estos te controlen, y recurre al tacto en vez de devolver mal por mal.

Si tu cónyuge te ofende ¿tomas represalias con rapidez o permaneces bajo control? ¿Acaso el enojo es tu estado emocional por defecto cuando te tratan en forma injusta? Si así es, estás esparciendo veneno en lugar de medicina.

En general, el enojo se produce cuando un fuerte deseo de algo se mezcla con la desilusión o el dolor. No obtienes lo que quieres y comienza a subir la temperatura en tu interior. A menudo, es una reacción emocional que surge de nuestro propio egoísmo, de nuestra insensatez o de nuestras malas motivaciones.

En cambio, la paciencia nos hace sabios. No se apresura a sacar conclusiones sino que escucha qué dice la otra persona. La paciencia permanece a la puerta, allí donde el enojo hace todo lo posible por entrar, y espera a tener una visión completa de la situación antes de juzgar. La Sagrada Escritura dice: «El que tarda en enojarse muestra gran inteligencia, el iracundo pone de manifiesto su necedad» (Proverbios 14,29)

Así como la falta de paciencia transformará tu hogar en una zona de combate, la práctica de la paciencia fomentará la paz y la tranquilidad. «El hombre iracundo provoca altercados, el que tarda en enojarse aplaca las disputas.» (Proverbios 15,18)

La paciencia es el punto en que el amor se une a la sabiduría. Y todo matrimonio necesita esa combinación para permanecer saludable.

La paciencia te ayuda a darle permiso a tu cónyuge para que sea humano. Comprende que todos fallamos. Cuando se comete un error, decide darle más tiempo del que se merece para corregirlo. Te proporciona capacidad para resistir durante las épocas difíciles en la relación, en lugar de huir ante la presión.

«Procuren que nadie devuelve mal por mal. Por el contrario, esfuércense por hacer siempre el bien entre ustedes y con todo el mundo» (I Tesalonicenses 5,15)

A pocos de nosotros nos resulta fácil la paciencia, y a ninguno le surge en forma natural. Sin embargo, es un buen punto de partida para comenzar a demostrar el amor verdadero.

Este viaje para atreverse a amar es un proceso, y lo primero que debes decidir poseer es paciencia. Considéralo como un maratón, y no una carrera corta. Sin embargo, es una carrera que vale la pena correr. (Fuente: Stephen y Alex Kendrick El desafío del amor)

EL DESAFÍO DE HOY:

Aunque el amor se comunica de distintas maneras, nuestras palabras a menudo reflejan la condición de nuestro corazón. Decide mostrar paciencia y no decirle nada negativo a tu cónyuge. Si surge la tentación, elige no decir nada. Es mejor contenerte que expresar algo que luego lamentarás.

Ten a la mano una Biblia Católica aquí tienes un enlace:
http://www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM
y medita los textos siguientes:

Santiago 3,1-12;
Lucas 6, 45;
Gálatas 5,19-26
Salmo 51,12
Ezequiel 36,26-27
1 Juan 3,18


Escucha la charla Vigilancia y Calma de Fray Nelson Medina:
https://www.youtube.com/watch?v=-pjiW7bZE_4

domingo, 28 de agosto de 2016

10. Amor Divino ... Para vivir en el Sagrado Corazón - El Ideal ... Creados para Cristo parte 3. De Mons. Luis María Martínez

No veamos, pues, superficialmente la vida espiritual, como una simple escuela de moral, de manera que tengamos que estar trabajando por perfeccionarnos moralmente, quitando ese defecto, plantando aquella virtud; mientras allá lejos, muy lejos está Jesús que nos ayuda, que nos alienta, que nos dirige.

Eso es mirar superficialmente la vida sobrenatural.

Sin duda que tenemos que trabajar en perfeccionarnos, y que luchar contra nuestros enemigos, y que practicar las virtudes; pero no estamos lejos de Jesús; Él, no sólo está vigilando nuestros pasos y alentándonos en nuestras luchas, sino que vive en nosotros y nosotros en Él. Es una expansión de su vida divina lo que está produciendo en nuestro corazón. Y ese germen divino que hemos recibido, debemos desarrollarlo, uniéndonos con Él hasta que nos convirtamos en Jesús, no por una simple reproducción exterior de los rasgos de su vida, sino por una comunicación íntima de su espíritu.

Por eso decía en la introducción que no es una metáfora afirmar que estamos en Jesús y que podemos entrar en su Corazón; es una realidad aunque misteriosa. Vivimos en Él, somos miembros de su Cuerpo Místico, de tal suerte que existe entre Jesús y nosotros una unión más íntima que la unión que existe entre mi cabeza y los demás miembros de mi organismo. Por ejemplo, cuando mi mano se mueve, es porque mi cerebro ha ordenado ese movimiento; él está influyendo eficazmente en mis manos; y la sangre que circula por mi cerebro es la misma que circula por mis manos; hay entre ellos unión vital e identidad de vida.

Así nosotros somos miembros del Cuerpo Místico de Cristo y formamos una sola cosa con Él, como dice el Apóstol.

Dios ha puesto en la Iglesia doctores, profetas, evangelistas, etc.; - prosigue San Pablo -, para la edificación del Cuerpo de Cristo, para hacer que Cristo llegue a su estatura perfecta, a la plenitud de su desarrollo. Lo cual quiere decir que todas las almas que durante el transcurso de los siglos han entrado en la Iglesia vienen a formar el Cuerpo de Cristo; y los siglos de la Historia tienen precisamente por fin completar su Cuerpo Místico; porque todavía no se ha desarrollado completamente, todavía no ha llegado a la plenitud de su edad y de su estatura. En el último día de los tiempos, Cristo estará completo cuando el último predestinado se haya incorporado a Él. Entonces llegará a la plenitud de su edad y de su estatura. (Ef 4,13)

Pero todo esto supone que somos algo suyo, que somos otros Cristos, que vivimos su misma vida.

Así debemos concebir la vida espiritual, sobre todo la perfección, como la unión íntima entre Cristo y nosotros. El día en que Nuestro Señor viva en nosotros plenamente; el día en que acabe de crearse en nosotros el hombre nuevo, creado según la voluntad de Dios en la justicia y en la santidad de la verdad; el día en que podamos exclamar con el Apóstol: Ya no vivo yo, sino que Cristo es quien vive en mí; entonces también habremos llegado a la plenitud de nuestra edad y de nuestra estatura espiritual, habremos alcanzado verdaderamente la perfección cristiana.

Por todas estas indicaciones - que Nuestro Señor nos hará comprender mejor, porque nuestro lenguaje no se presta para expresar ciertas realidades espirtiruales - podemos comprender hasta qué punto es una misteriosa realidad el que nosotros vivamos en Jesús y estemos como dentro de Él.

Y entendiendo lo que es estar dentro de Jesús, nos será muy fácil entender lo que es estar dentro de su Corazón divino.


viernes, 26 de agosto de 2016

9. Amor Divino ... Para vivir en el Sagrado Corazón - El Ideal ... Creados para Cristo parte 2. De Mons. Luis María Martínez

A las veces nos imaginamos que Jesucristo es tan sólo el modelo que debemos copiar. Como pasa en un taller de pintura: el pintor tiene frente a él un modelo y sobre su mesa de trabajo está reproduciendo sus rasgos; pero el modelo está afuera y sólo por medio de su arte los rasgos del modelo pasan a su dibujo. Así nos imaginamos la vida espiritual. Cristo es el modelo; nosotros lo contemplamos para reproducir en nuestras almas los rasgos de su fisonomía espiritual.

Sin duda que esto es cierto, pero no es toda la verdad; si no viéramos la vida espiritual sino de esta manera, la veríamos superficialmente; porque tenemos que reproducir a Jesús, pero no copiando algo exterior, sino por una comunicación íntima con Él.

Por eso dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6). No dice Yo soy el guía que os ha de conducir por el camino, sino, Yo soy el Camino mismo. No dice: Yo soy la fuente de la vida, sino la vida misma. No dice: Yo soy el Maestro de la verdad, sino la Verdad misma.

Por estas palabras comprendemos que la vida espiritual es algo más que una escuela en que Jesús enseña y nosotros aprendemos; algo más que un taller en que reproducimos los rasgos de Nuestro Señor; algo más que un camino en que Jesucristo nos sirve de guía. Es algo más íntimo: Jesús es Maestro, pero un Maestro que nos habla en lo interior y vive en nosotros; es un modelo, pero un modelo que se une a nosotros y por su eficacia divina nos va comunicando, en lo íntimo de nuestro corazón, su vida y su espíritu hasta llegar a reproducirse en nosotros.

Cuando se siembra una semilla, ésta reproduce exactamente la planta que la produjo, pero no porque la copie, sino por una fuerza vital. De manera que hay dos modos de copiar una planta: una, artificialmente, pintándola o reproduciéndola, pero con una reproducción muerta, en papel, en lienzo, etc.; otra, reproduciéndola de una manera vital, haciendo que germine la semilla. Pues bien, no debemos copiar a Cristo artificialmente, sino de una manera vital; porque, como dice San Juan, tenemos en nosotros la semilla de Dios.

Jesucristo se une a nuestras almas y nos comunica su vida, y de esta manera va poco a poco reproduciéndose en nosotros hasta transformarnos en Él No es, repito el trabajo del artista que copia el modelo, es un trabajo vital.

Y no se crea que exagero, esta doctrina de la Sagrada Escritura. Yo soy la Vid, dice Jesús, y vosotros las ramas, los sarmientos. Analicemos esta comparación y veremos todas las riquezas que contiene. La vid y los sarmientos forman una sola cosa y están unidos; los sarmientos son la continuación de la vid; en aquellos y en ésta circula la misma savia; tienen, por consiguiente, la misma vida. De manera que si a la vid se le arranca un sarmiento, se seca y no sirve sino para ser arrojado al fuego; pero si permanece unido a ella, entonces vive y produce fruto.

Así somos nosotros: separados de Jesús para nada servimos, sino para ser arrojados al fuego de nuestras concupiscencias en esta vida, y en la otra al fuego del infierno; pero si estamos unidos a Él vivimos su misma vida y producimos fruto.

Más decisivas son aquellas otras palabras de Jesús: Así como Yo vivo por el Padre, el que me come vive por Mí.

¿No es algo dulcísimo esta unión tan estrecha, esta comunicación de espíritu y de vida con Él? Somos de Él, vivimos con Él y para Él. ¿No satisface esto a nuestro corazón? ¿No nos entusiasma pensar que la vida espiritual sea así?

Tarea del amor divino: Contemplar a Cristo en el Santísimo Sacramento. ¿Estoy siendo tierra fértil para que Jesús vivo se reporduzca en mí?

viernes, 19 de agosto de 2016

8. Amor Divino ... Para vivir en el Sagrado Corazón - El Ideal ... Creados para Cristo parte 1. De Mons. Luis María Martínez

"Un mismo panorama presenta distintos aspectos según el lugar desde donde lo contemplamos. Cuanto más alto es el sitio de observación abarcamos mejor el conjunto y apreciamos mejor la armonía y la belleza del paisaje.

Desde el Corazón de Jesús contemplemos nuestro ideal y los caminos que debemos recorrer para realizarlo. ¡Con qué verdad, con qué exactitud, con qué belleza, con qué profundidad se miran todas las cosas cuando se ven desde el Corazón de Jesús!

San Pablo pide a Dios que nos dé el conocimiento de nuestra vocación y de las riquezas que encierra; y de tal manera lo hace, como si bastara para santificarnos conocer a fondo nuestra vocación.

Sin duda que no basta el conocimiento: ¡cuántas veces conocemos nuestro deber y, sin embargo, no tenemos ni la fuerza, ni el entusiasmo necesario para realizarlo! Pero también es cierto que no hay fuerza más poderosa para hacernos trabajar en nuestra santificación, como mirar de una manera profunda nuestro ideal. La verdad en sí misma tiene una eficacia divina.

Casi todos nuestros fracasos y deficiencias en el orden espiritual vienen de la falta de luz y de conocimiento; porque cuando vemos de una manera clara y profunda las cosas espirituales esa luz tiene tal eficacia que nos impulsa a cumplir nuestro deber.

Pero para poder comprender nuestro ideal, empecemos por estudiar el ideal cristiano en general.

¿Para qué nos hizo Dios? Lo diré en una sola palabra: nos hizo para Cristo; nos vio en Él, nos eligió en Él y en Él nos predestinó y santificó, como dice San Pablo: «Nos eligió en Jesús para que fuésemos santos e inmaculados ante su presencia, en la caridad» (Ef 1,4). Dios no nos vio nunca sino en Jesús; para Dios somos algo de Jesús, su conquista, los miembros de su Cuerpo Místico, partícipes de su vida, una sola cosa con Él, otros Cristos, que en Él y por Él hemos de glorificar a Dios y conseguir nuestra felicidad.

Por eso nos dice el mismo Apóstol: «Todas las cosas son vuestras; más vosotros sois de Cristo, y Cristo de Dios» (1Co3,22). En estos tres rasgos están expresados todos los designios divinos: toda la creación visible está hecha para el hombre, pero nosotros estamos hechos para Cristo, y Cristo para Dios. En Él y por Él tenemos que glorificar a Dios y conseguir nuestra propia felicidad, íntimamente vinculada con la gloria divina.

Es muy dulce considerar así nuestro destino: somos algo de Jesús en Él nos vio el Padre, en Él nos amó, en Él nos enriqueció con todo genero de bendiciones espirituales; y en Él y por Él tenemos que realizar nuestro ideal, lo cual implica una relación y una unión muy íntima y profunda con Nuestro Señor."

Tarea de amor divino: Desde el Corazón de Jesús contemplemos nuestro ideal y los caminos que debemos recorrer para realizarlo. ¡Con qué verdad, con qué exactitud, con qué belleza, con qué profundidad se miran todas las cosas cuando se ven desde el Corazón de Jesús!

miércoles, 17 de agosto de 2016

7. Amor Divino ... Para vivir en el Sagrado Corazón - Disposición por último... Mons. Luis María Martínez

"Por último, es preciso que no solamente nuestro espíritu se ponga en armonía con la luz que llena el Corazón de Cristo, sino que también nuestro corazón procure, en cuanto es posible, ponerse en armonía con el divino Corazón de Jesús donde vamos a vivir. Esto es, debemos practicar la palabra del Apóstol: «Que haya en vosotros los mismos sentimientos que en el Corazón de Cristo Jesús» (Cf. Fil 2,5). Porque si no hay esa armonía, nos exponemos a no entender muchas cosas de las que allá adentro se miran y se oyen, se entienden y se gozan.

Esa armonía pide de nosotros que ensayemos como un nuevo modo de sentir y de amar.

Uno de los puntos en que no suele haber armonía entre los sentimientos del Corazón de Jesús y los nuestros es precisamente la Cruz. Jesús está enamorado de ella; nosotros, aun cuando tengamos siempre en nuestros labios las alabanzas de la Cruz, allá, en el fondo de nuestro corazón a las veces sentimos una repugnancia tal, que hace que no comprendamos sus misterios.

Para entrar en el Corazón divino es necesario ir con tal generosidad de alma, que podamos tener los mismos sentimientos de Jesús en todo, aun respecto de lo que la Cruz encierra, o más bien dicho, precisamente acerca de lo que la Cruz significa.

Y basta lo dicho; que si penetramos estas verdades que he expuesto, seguramente que encontraremos reico alimento que nutra nuestras almas.

Para vivir, pues, durante toda nuestra vida en el Corazón de Jesús necesitamos el silencio augusto de las cosas grandes; - la paz que es como el sello de Jesús y el don divino; - vivir en una luz celestial, mirar con los ojos iluminados del corazón; - y procurar que los sentimientos del Corazón de Jesús. Él nos dirá lo que todas estas cosas ocultan en su fondo misterioso.

Entremos, pues dentro del Corazón Divino y vivamos ahí para siempre."

Tarea del amor divino: Meditar la frase "Quien dice que permanece en Él, debe vivir como Él vivió". (1Jn 2,6) hacerse preguntas acerca de ella ... buscar respuestas.