martes, 7 de marzo de 2017

Día 7 de 40: El amor cree lo mejor.


El amor todo lo cree, todo lo espera. (1 Corintios 13,7).

En los pasillos profundos y privados de tu corazón, hay una habitación. Se llama la «habitación del reconocimiento». Allí van tus pensamientos cuando encuentras cosas positivas y alentadoras sobre tu cónyuge. Y de vez en cuando, te gusta visitar este lugar especial.

En las paredes, hay palabras y frases amables que describen los buenos atributos de tu pareja. Entre ellos, puede haber características como «sincero» e «inteligente», o frases como «trabajador diligente», «excelente cocinero», o «hermosos ojos». Son cualidades que has descubierto con respecto a tu esposa, que se han grabado en tu memoria. Cuando piensas en ellas, el aprecio que tienes por tu cónyuge comienza a aumentar. En realidad, cuanto más meditas en estos atributos positivos, más agradecido te sientes por ella.

Es probable que la mayoría de las cosas de la habitación del reconocimiento se hayan escrito en las primeras etapas de tu relación. Podrías resumirlas como las cuestiones que te gustaban y que respetabas de tu amada. Eran reales, honorables y buenas. Y pasaban mucho tiempo en esta habitación pensando en ellas ... antes de casarte. Sin embargo, quizá te des cuenta de que ya no visitas este cuarto especial con la misma frecuencia que antes. Esto se debe a que hay otra habitación cercana que compite con él.

Al final de otro pasillo oscuro de tu corazón se encuentra la «habitación del menosprecio», y por desgracia, también vas de visita allí.

DESAFÍO DEL DÍA
Realiza un listado extenso de las bondades y virtudes que reconoces de tu amada. Pon énfasis en aquello que admiras de ella.

Meditar el video de Fray Nelson Medina O.P.
https://www.youtube.com/watch?v=2ydxRvo-HYQ

lunes, 6 de marzo de 2017

Día 6 de 40: El amor no se irrita.

«El que tarda en enojarse vale más que un héroe, y el dueño de sí mismo, más que un conquistador.(Proverbios 16,32)

El amor es tardo para ofenderse y rápido para perdonar. ¿Con cuánta facilidad te irritas y te ofendes? Algunas personas tienen el siguiente lema: «Nunca dejes pasar una oportunidad para enojarte con tu cónyuge». Cuando algo va mal, aprovechan la situación con rapidez y expresan lo heridos o frustrados que se encuentran. Sin embargo, esta reacción es opuesta al amor.

Ser irritable significa «estar cerca de la punta de un cuchillo», es fácil pincharse. Las personas que son irritables están listas para reaccionar en forma exagerada.

Los problemas menores no producen grandes reacciones. El amor no se enoja, ni se siente herido, a menos que haya una razón legítima y justa a los ojos de Dios. Un esposo amoroso permanecerá tranquilo y paciente, demostrará misericordia y controlará su carácter. Si caminas bajo la influencia del amor, serás una fuente de gozo en lugar de molestia. ¿Eres una brisa tranquilizadora o una tormenta inminente?

¿Por qué las personas se vuelven irritables? hay al menos tres razones:
  • El estrés, te agobia, agota tu energía, debilita tu salud y te invita a estar de mal humor. Puede producirse por causas relacionales: las discusiones, la división y la amargura. Hay causas por exceso: trabajar demasiado, exagerar y gastar demasiado. Además hay deficiencias: no obtener un suficiente descanso, nutrición o ejercicio. A menudo, nosotros mismos nos clavamos estos puñales y nos predisponemos a estar irritables.
  • Imprudencia: la vida es un maratón, no una carrera corta. Debes equilibrar, priorizar y controlarte. Muy a menudo, echamos la precaución por la borda y avanzamos a toda velocidad, según nos parece bien en el momento. Al poco tiempo, estamos jadeando, tensos y a punto de estallar. La presión creciente puede desgastar nuestra paciencia y nuestra relación.
  • El egoísmo. Cuando estás irritado, el principal problema se encuentra en el corazón. Jesús dijo: «De la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12,34).Algunas personas son como los limones: cuando la vida los exprime se respuesta es ácida. Y otras se parecen más a los duraznos cuando hay presión, el resultado aún es dulce. Enojarse con facilidad indica que hay un área escondida de egoísmo o inseguridad en donde se supone que debería reinar el amor. Además, la amargura se arraiga cuando respondes de manera sentenciosa y te rehúsas a resolver tu enojo. «Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo.» (Efesios 4,31).
La Sagrada Escritura te enseña a:
  • Dejar que el amor guíe tus relaciones para que no tengas discusiones innecesarias «Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección.» (Colosenses 3, 12-14). 
  • Te enseña a orar en medio de la ansiedad en lugar de resolver las cosas a tu manera: «No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.» (Filipenses 4, 6-7)
  • Te enseña a delegar cuando estás agotado: «El Suegro de Moisés le dijo: «Lo que haces no está bien. Así quedarán completamente agotados, tú y toda esa gente que está contigo. Esa tarea es demasiado pesada para ti, y tú solo no puedes realizarla. Ahora escúchame. Yo te daré un consejo, y que Dios esté contigo. Tú debes representar al pueblo delante de Dios y exponerle los asuntos de la gente. Al mismo tiempo, tienes que inculcarles los preceptos y las instrucciones de Dios, y enseñarles el camino que deben seguir y la manera cómo deben comportarse. Pero además tienes que elegir, entre todo el pueblo, a algunos hombres capaces, temerosos de Dios, dignos de confianza e insobornables, para constituirlos jefes del pueblo: jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez personas. Ellos administrarán justicia al pueblo permanentemente. Si hay algún caso difícil, que te lo traigan a ti, pero que juzguen por sí mismos los casos de menor importancia. De esa manera, se aliviará tu carga, y ellos la compartirán contigo. Si obras así, y Dios te da sus órdenes, tú podrás resistir y toda esa gente regresará en paz a sus hogares». Moisés siguió el consejo de su suegro y puso en práctica todo lo que él le había indicado.» (Éxodo 18,17-23)
  • Te enseña a evitar los abusos: « ¿Has encontrado miel? Come lo indispensable, no sea que te hartes y la tengas que vomitar.» (Proverbios 25,16)
EL DESAFÍO DE HOY

Frente a las circunstancias difíciles en tu matrimonio decide reaccionar con amor en lugar de irritación. En primer lugar, realiza en tu cuaderno una lista de áreas en las que necesites añadir un margen en tu agenda. Luego enumera cualquier motivación equivocada que debas eliminar de tu vida.

Estudiar el taller de Fray Nelson Medina O.P.
https://www.youtube.com/watch?v=nhL9I-XGQ7U

domingo, 5 de marzo de 2017

Día 5 de 40: El amor no es grosero.

Nada irrita más rápido a los demás como la mala educación. Ser grosero significa decir o hacer algo innecesario que le haga pasar un mal momento a la persona que esté cerca. Ser grosero es actuar en forma indecorosa, vergonzosa o irritante. En el matrimonio, podría tratarse de tener una boca sucia, malos modales en la mesa o el hábito de hacer bromas sarcásticas. Desde cualquier punto de vista, a nadie le gusta estar cerca de una persona grosera. La conducta grosera puede parecerle insignificante a quien la practica, pero es desagradable para los que están cerca.

Como siempre, el amor tiene algo para decir al respecto. Cuando un hombre es impulsado por el amor, se comporta en forma intencional de una manera que a la esposa le resulte más agradable. Si ella desea amarlo, resuelve evitar lo que lo frustra y le molesta.

En esencia, el amor genuino cuida sus modales.

Adoptar este concepto podría traer aire fresco a tu matrimonio. Los buenos modales le expresan a tu esposa: «Te valoro lo suficiente como para ejercer algo de dominio propio cerca de ti. Quiero ser una persona con la que sea un placer estar». Cuando permites que el amor cambie tu conducta (aunque sea de la manera más insignificante restauras una atmósfera de honor en la relación. Por lo general, las personas que practican una buena etiqueta aumentan el nivel de respeto en el ambiente donde están.

Casi siempre, la etiqueta que usas en tu casa es totalmente distinta a la que usas con tus amigos, o incluso con extraños. En tu casa, puedes gritar o poner mala cara, pero si suena el timbre, abres con una gran sonrisa y lleno de amabilidad. Sin embargo, si te atreves a amar, también querrás dar lo mejor de ti mismo a los tuyos. Si no dejas que el amor te motive a realizar los cambios necesarios en tu conducta, la calidad de tu relación matrimonial sufrirá.

Las mujeres suelen ser mucho mejores que los hombres con ciertos modales, aunque pueden ser groseras de otras maneras. El rey Salomón dijo: «Más vale habitar en un rincón de la azotea que compartir el techo con mujer pendenciera» (Proverbios 25,24). Son los hombres en especial quienes necesitan aprender esta importante lección. El hombre discreto averiguará qué es apropiado y ajustará su conducta en consecuencia.

Hay dos razones principales por las que la gente es grosera: la ignorancia y el egoísmo. Por supuesto, ninguna de las dos cosas es buena. Los niños nacen sin saber nada sobre los buenos modales, y necesitan mucha ayuda y enseñanza. Sin embargo, los adultos demuestran su ignorancia de otra manera. Conoces las reglas, pero puedes no darte cuenta de cómo las rompes o ser demasiado egoísta como para que te importe. De hecho, quizá no te des cuenta de lo desagradable que puede ser vivir contigo.

Ponte a prueba con las siguientes preguntas:
  • ¿Qué piensa tu cónyuge de la manera en que hablas y actúas cuando estás cerca de ella?
  • ¿Qué efecto tiene tu conducta en la valía y la autoestima de tu pareja?
  • ¿Tu cónyuge diría que eres una bendición o que te crees superior?
Si piensas que tu cónyuge (y no tú) es el que tiene que hacer cambios en esta área, es probable que sufras de un caso grave de ignorancia, con efectos secundarios de egoísmo. Recuerda, el amor no es grosero sino que te lleva a obrar con principios superiores.

¿Te gustaría que tu cónyuge dejara de hacer todo eso que te molesta? Entonces, es hora de dejar de hacer todo eso que le molesta. ¿Serás lo suficientemente considerado y amoroso como para descubrir y evitar la conducta que hace que la vida le resulte desagradable a tu pareja? ¿Te atreves a ser encantador?

Aquí tienes tres principios orientadores que se refieren a practicar los buenos modales en tu matrimonio:
  1. Respeta la regla de oro. Trata a tu pareja de la misma manera en la que quieres que te trate (ver Lucas 6,31).
  2. Ten mayor consideración con tu cónyuge que con los extraños y con los compañeros de trabajo, nunca consideres más a los demás que a tu cónyuge.
  3. Cumple las peticiones. Considera lo que tu esposa ya te ha pedido que hagas o que no hagas. Si tienes dudas pregunta.
EL DESAFÍO DE HOY

Pídele a tu cónyuge que te diga tres cuestiones que le incomodan o le irritan de ti. Debes hacerlo sin atacar ni justificar tu conducta. Su perspectiva es la importante en este caso.

¿Qué cosas señaló tu cónyuge sobre ti que necesitan tu atención? ¿Cómo actuaste al escucharlas? ¿Qué planeas hacer para mejorar esas áreas?

Estudia el taller de Fray Nelson Medina O.P.

sábado, 4 de marzo de 2017

Día 4 de 40: El amor es reflexivo.

El amor piensa. No es un sentimiento mecánico que fluye en oleadas de sentimientos y se duerme mentalmente. Mantiene la mente ocupada al saber que los pensamientos amorosos anteceden a las acciones amorosas.

Cuando apenas te enamoraste, te resultaba bastante natural ser reflexivo. Pasabas horas soñando con tu ser amado, te preguntabas qué estaría haciendo, ensayabas cosas admirables para decir y luego disfrutabas los dulces recuerdos de los momentos que pasaban juntos. Confesabas con sinceridad: «No puedo dejar de pensar en ti».

En la mayoría de las parejas, las cosas comienzan a cambiar luego de casarse. La esposa al fin tiene a su hombre; el esposo tiene su trofeo. Las chispas del romance se consumen hasta transformarse en brasas grisáceas, y la motivación para la reflexión se enfría. Poco a poco, tu atención se vuelca a tu trabajo, a tus amigos, a tus problemas, a tus deseos personales, a ti mismo. Luego de un tiempo, comienzas a ignorar las necesidades de tu pareja sin darte cuenta.

El matrimonio ha añadido otra persona a tu universo. Si no aprendes a ser reflexivo, al final lamentas las oportunidades que pierdes de demostrar amor. La falta de consideración es un enemigo silencioso para una relación amorosa.

Seamos sinceros. Los hombres luchan con la consideración más que las mujeres. Un hombre puede concentrarse como un láser en una cosa y olvidarse del resto del mundo. Aunque esto puede ser beneficioso por un lado, también puede hacer que pase por alto otras cuestiones que necesitan su atención.

Por otro lado, la mujer puede prestar atención a varios asuntos y estar pendiente en forma increíble de distintos factores a la vez. Puede hablar por teléfono, cocinar, saber en dónde se encuentran los hijos en la casa y preguntarse porqué el esposo no la ayuda ... todo al mismo tiempo. Además, es consciente de todas las personas conectadas con esa tarea.

Estas dos tendencias son ejemplo de cómo Dios diseñó a la mujer para que completara al hombre. Dijo Dios en la creación: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea» (Génesis 2,18). Sin embargo, estas diferencias también crean oportunidades para los malentendidos.

Por ejemplo, los hombres tienden a pensar en forma de titulares y a decir exactamente lo que quieren decir. No se necesita demasiado para comprender el mensaje. Sus palabras son más literales y no habría que analizarlas demasiado; pero las mujeres piensan y hablan entre líneas. tienden a insinuar. A menudo, los hombres deben escuchar lo que está implícito para comprender todo el mensaje.

Si una pareja no entiende estas diferencias, las consecuencias pueden ser desacuerdos interminables. Él se siente frustrado y se pregunta por qué su esposa habla con acertijos en vez de decir algo en forma directa. Ella se siente frustrada y se pregunta por qué su esposo es tan desconsiderado y no ata cabos para comprender las cosas.

La mujer anhela profundamente que su esposo sea considerado y reflexivo. Esto es clave para ayudarla a que se sienta amada. Cuando ella habla, el hombre sabio escuchará como un detective para descubrir las necesidades y los deseos tácitos que insinúan sus palabras. Sin embargo, si ella siempre tiene que decirle cómo son las cosas, se pierde la oportunidad de que el esposo demuestre que la ama.

Esto también explica por qué las mujeres se enojan con sus esposos sin decirles por qué. Ella piensa: «No debería tener que explicarle todo. Tendría que poder mirar la situación y darse cuenta de lo que sucede». Al mismo tiempo, él sufre porque no puede leerle la mente a su esposa y se pregunta por qué se lo castiga por un crimen que ignoraba haber cometido.

El amor exige consideración (de las dos partes); la clase de consideración que construye puentes con la combinación constructiva de la paciencia, la amabilidad y la generosidad. El amor te enseña a llegar a un acuerdo, a respetar y valorar la manera única en la que piensa tu cónyuge.

El esposo debería escuchar a su esposa y aprender a considerar sus mensajes tácitos. La esposa debería aprender a comunicarse con sinceridad y no decir una cosa cuando en realidad quiere decir otra.

Sin embargo, muchas veces te enojas y te frustras, y sigues el patrón destructivo de «preparen, apunten, ¡fuego!». En el momento, hablas con dureza; y más tarde, decides si deberías haberlo dicho. Por el contrario, la naturaleza reflexiva del amor, te enseña a usar la mente antes que la boca. El amor piensa antes de  hablar. Filtra las palabras a través de una rejilla de verdad y bondad.

¿Cuándo fue la última vez que pasaste unos minutos pensando sobre cómo podrías comprender mejor a tu cónyuge y demostrarle amor? ¿Qué necesidad inmediata podrías satisfacer? ¿Para qué acontecimiento próximo (aniversario, cumpleaños, día festivo) podrías prepararte? Los grandes matrimonios surgen de la reflexión profunda.

DESAFÍO DE HOY:

Ponte en contacto con tu cónyuge en algún momento del día. Sin ninguna otra intención, pregúntale cómo está y si puedes hacer algo por ella.



Estudiar el taller de Fray Nelson Medina O.P.
https://www.youtube.com/watch?v=ItwE5uHf2W0

viernes, 3 de marzo de 2017

Día 3 de 40: El amor no es egoísta.

«Ámense cordialmente con amor fraterno, estimando a los otros como más dignos.» (Romanos 12, 10)

Vivimos en un mundo prendado de sí mismo. La cultura que nos rodea nos enseña a concentrarnos en nuestra apariencia, nuestros sentimientos y nuestros deseos personales como si fueran la prioridad fundamental. Parece que el objetivo es buscar el mayor nivel de felicidad que sea posible. Sin embargo, el peligro de este modo de pensar se hace dolorosamente evidente cuando se está dentro de una relación matrimonial.

Si hay una palabra que signifique en esencia lo opuesto del amor, es egoísmo. Por desgracia, todas las personas lo traen arraigado desde el nacimiento. Puedes verlo en el comportamiento de los niños y, a menudo, en el maltrato entre adultos. El origen de casi todo acto pecaminoso que se haya cometido puede encontrarse en una motivación egoísta. Es un rasgo que detestamos en las demás personas pero que justificamos en nuestro caso. Sin embargo, no puedes señalar las muchas maneras en las que tu cónyuge es egoísta sin admitir que tú también podrías serlo. Sería hipócrita.

¿Por qué tenemos criterios tan bajos para nosotros y expectativas tan altas para nuestra pareja? la respuesta es cruda: todos somos egoístas.

Cuando un esposo pone sus intereses, sus deseos y sus prioridades antes que su esposa, es una señal de egoísmo. Cuando una esposa se queja sin parar del tiempo y la energía que gasta para satisfacer las necesidades de su esposo, es una señal de egoísmo. Sin embargo, el amor «no busca su propio interés» (1Corintios 13,5). Las parejas amorosas (las que disfrutan del propósito pleno del matrimonio) se empeñan en cuidar bien al otro ser humano imperfecto con quien comparten la vida. Esto se debe a que el verdadero amor busca maneras de decir "sí".

Un aspecto irónico del egoísmo es que aun los actos de generosidad pueden ser egoístas si la motivación es jactarse o recibir una recompensa. Si haces algo bueno para manipular en forma deshonesta a tu esposa o esposo, sigues siendo egoísta. En pocas palabras, o tomas decisiones por amor a los demás o por amor a ti mismo.

El amor nunca se satisface si no es por el bien de los demás. No puedes actuar con amor verdadero y con egoísmo al mismo tiempo. Elegir amar a tu pareja hará que digas «no» a lo que quieres para poder decir «sí» a lo que el otro necesita. Significa colocar la felicidad de tu pareja por encima de la tuya. No quiere decir que nunca puedas experimentar la felicidad, pero no invalidas la felicidad de tu cónyuge para poder gozar de ella.

Además el amor trae una alegría interior. Cuando le das prioridad al bienestar de tu pareja, hay una satisfacción que las acciones egoístas no pueden copiar. Es un beneficio que Dios creó y lo reserva para quienes demuestran amor en forma genuina. La verdad es que cuando renuncias a tus derechos por el bien de tu pareja, tienes la oportunidad de pasar a un segundo lugar en pro del propósito supremo del matrimonio.

Nadie te conoce tan bien como tu cónyuge. Esto significa que nadie reconocerá con mayor rapidez un cambio cuando en forma deliberada comiences a sacrificar tus necesidades y deseos para asegurarte de que los de tu pareja se satisfagan.

Si te resulta difícil sacrificar tus propios deseos para beneficiar a tu cónyuge, quizá tengas un problema más profundo con el egoísmo de lo que quieres admitir:

Hazte las siguientes preguntas:
  • ¿En verdad quiero lo mejor para mi cónyuge?
  • ¿Quiero que sienta que le amo?
  • ¿Creerá que quiero lo mejor para ella?
  • ¿Me percibe como alguien que primero busca su propio bienestar?
Ya sea que te guste o no, tienes una reputación a los ojos de las personas que te rodean, en especial, a los ojos de tu cónyuge. ¿Es una reputación de amor? Recuerda, tu cónyuge también tiene el desafío de amar a una persona egoísta. Así que decide ser el primero en demostrarle el verdadero amor, con plena conciencia de lo que haces. Y al final, los dos se sentirán más realizados.

«No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos.» (Filipenses 2,3)

EL DESAFÍO DE HOY

Las cosas a las que les dediques tu tiempo, tu energía y tu dinero cobrarán más importancia para ti. Es difícil que te importe algo en lo que no inviertes. Además de refrenarte de los comentarios negativos, cómprale algo a tu cónyuge que le comunique: «hoy estuve pensando en ti».

Meditar: Proverbios 5
http://www.vatican.va/archive/ESL0506/_PLN.HTM#7W


Escuchar el audio de Salvar mi matrimonio antes y después de la boda de Christian Huerta:
https://www.youtube.com/watch?v=2vENeggbVao

jueves, 2 de marzo de 2017

Día 2 de 40: El amor es amable.

«Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo.» (Efesios 4,32)

La amabilidad es el amor en acción. Si la paciencia es la manera en que el amor reacciona para reducir al mínimo una circunstancia negativa, la amabilidad es la manera en que el amor actúa para aumentar al máximo una circunstancia positiva. La paciencia evita un problema; la amabilidad crea una bendición. Una es preventiva, la otra es dinámica. Estas dos caras del amor son las piedras angulares sobre las cuales se construyen los demás atributos que trataremos.

El amor te hace amable. Y la amabilidad te hace agradable. Cuando eres amable, las personas quieren estar cerca de ti. Perciben que eres bueno con ellas y que les haces bien.

La Sagrada Escritura declara: «Que nunca te abandonen la buena fe y la lealtad: átalas a tu cuello. escríbelas sobre la tabla de tu corazón, y encontrarás favor y aprobación a los ojos de Dios y de los hombres» (Proverbios 3,3-4). "Amabilidad" puede parecer un término genérico para definir, y más aún para poner en práctica. Así que separaremos la amabilidad en cuatro ingredientes esenciales.

Dulzura. Cuando obras con amabilidad, tienes cuidado de cómo tratas a tu cónyuge y jamás eres demasiado severo. Eres sensible y tierno. Aun si es necesario decir algo difícil, harás lo imposible para que tu reprimenda o desafío logren ser tan fáciles de escuchar como sea posible. Dices la verdad con amor.

Servicio. Ser amable significa que cubres las necesidades del momento. Si se trata de tareas domésticas, te pones a trabajar. ¿Hace falta un oído dispuesto? Lo proporcionas. La amabilidad adorna al esposo con la capacidad de servir a su esposa sin preocuparse por los derechos propios. La amabilidad hace que un esposo tenga curiosidad de descubrir lo que su esposa necesita, y lo motiva a ser el que dé un paso al frente y se asegure de que esas necesidades se satisfagan ... aun si las propias quedan en espera.

Buena disposición. La amabilidad te inspira a estar dispuesto. En lugar de ser obstinado, reacio o terco, cooperas y te mantienes flexible. En vez de quejarte y poner excusas, buscas razones para llegar a un acuerdo y adaptarte. Un esposo amable termina miles de posibles discusiones con su disposición de escuchar antes de exigir que se haga lo que quiere.

Iniciativa. La amabilidad piensa de antemano y luego da el primer paso. No se sienta a esperar que la impulsen u obliguen a salir del sofá. El esposo o la esposa amable será el que salude primero, el que sonría primero, el que sirva primero y perdone primero. No necesita que el otro haga las cosas bien para demostrar amor. Cuando obras desde la amabilidad, ves la necesidad y das el primer paso.

Jesús describió de manera creativa la amabilidad del amor en la parábola del buen samaritano, que se encuentra en Lucas 10,25-37. A un hombre judío lo atacan unos ladrones y lo dejan moribundo en un camino apartado. Dos líderes religiosos, respetados entre su gente, pasan y deciden no detenerse. Estaban demasiados ocupados. Eran demasiado importantes. Les gustaba demasiado tener las manos limpias. Sin embargo, un hombre común de otra raza (de los odiados samaritanos, cuyo desprecio por los judíos era tanto amargo como mutuo) vio a este extraño necesitado y se conmovió con compasión. Cruzó todas las barreras culturales y se arriesgó a hacer el ridículo, pero se detuvo a ayudar al hombre. Vendó sus heridas, lo colocó sobre su propio burro, lo llevó a un lugar seguro y pagó todos los gastos médicos de su propio bolsillo.

En donde años de racismo habían causado conflictos y división, un acto de amabilidad unió a dos enemigos. Con dulzura. Por medio del servicio. Con buena disposición. Este hombre tomó la iniciativa y demostró la verdadera amabilidad en todas sus formas.

¿Acaso al principio no fue la amabilidad algo clave que los unió a ti y a tu cónyuge? Cuando te casaste ¿no esperabas disfrutar de su amabilidad durante el resto de tu vida? ¿Acaso tu pareja no sentía lo mismo con respecto a ti? Aunque los años pueden mitigar ese deseo, tu placer en el matrimonio sigue estando ligado al nivel diario de amabilidad expresada.

La Sagrada Escritura describe a una mujer cuyo esposo e hijos la bendicen y la alaban. Entre sus atributos nobles se encuentran: «Abre su boca con sabiduría y hay en sus labios una enseñanza fiel.» (Proverbios 31,26) ¿En qué lugar del medidor de amabilidad te colocaría tu cónyuge? ¿Cuán severo eres? ¿Cuán dulce y servicial? ¿Esperas que te pidan las cosas o tomas la iniciativa para ayudar?

Es difícil demostrar amor cuando tienes poco o nada de motivación. Sin embargo, el amor en esencia no se fundamenta en los sentimientos; sino que toma la determinación de manifestar amabilidad aun cuando parezca no haber recompensa. Nunca aprenderás a amar hasta que aprendas a ser amable.

DESAFÍO DE HOY

Hoya también, además de no decirle nada negativo a tu cónyuge, realiza al menos un gesto inesperado como acto de amabilidad.

Meditar Lucas 10,25-37
http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PVS.HTM

Escuchar el audio de los Monstruos del Matrimonio de Fray Nelson Medina O.P.
https://www.youtube.com/watch?v=Mg5u0-Reqh0

miércoles, 1 de marzo de 2017

Día 1 de 40: el amor es paciente.

«Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor.» Efesios 4,2

El amor da resultado. Es el motivador más poderoso de la vida y tiene una profundidad y un significado tanto mayor de lo que comprende la mayoría de las personas. Siempre hace lo mejor para los demás y puede darnos la capacidad de enfrentar el problema más terrible. Nacemos con una sed de amor que dura toda la vida. Nuestro corazón lo necesita con desesperación, como nuestros pulmones necesitan oxígeno. El amor cambia nuestra motivación para vivir. Con él, las relaciones cobran significado. Ningún matrimonio puede tener éxito sin amor.

El amor se apoya en dos pilares que lo definen a la perfección. Esos pilares son la paciencia y la bondad. Las otras características del amor son extensiones de estos dos atributos. Y aquí comenzará tu desafío: con la paciencia.

El amor te inspirará a transformarte en una persona paciente. Cuando decides ser paciente, respondes en forma positiva frente a una situación negativa. Eres lento para enojarte. Decides guardar la compostura en lugar de enfadarte con facilidad. En vez de ser impaciente y exigente, el amor te ayuda a calmarte y comenzar a demostrar misericordia a los que te rodean. La paciencia trae una tranquilidad interior durante una tormenta exterior.

A nadie le gusta estar cerca de una persona impaciente. Hace que reacciones exageradamente con enojo, insensatez y de manera lamentable. El enojo frente a una situación injusta irónicamente, genera nuevos agravios. El enojo casi nunca mejora las cosas. Es más, en general produce problemas adicionales. Por el contrario la paciencia para en seco cualquier controversia. Más que morderte el labio, más que taparte la boca con la mano, la paciencia es un suspiro profundo. Despeja el ambiente. Es la decisión de controlar tus sentimientos en lugar de permitir que estos te controlen, y recurre al tacto en vez de devolver mal por mal.

Si tu cónyuge te ofende ¿tomas represalias con rapidez o permaneces bajo control? ¿Acaso el enojo es tu estado emocional por defecto cuando te tratan en forma injusta? Si así es, estás esparciendo veneno en lugar de medicina.

En general, el enojo se produce cuando un fuerte deseo de algo se mezcla con la desilusión o el dolor. No obtienes lo que quieres y comienza a subir la temperatura en tu interior. A menudo, es una reacción emocional que surge de nuestro propio egoísmo, de nuestra insensatez o de nuestras malas motivaciones.

En cambio, la paciencia nos hace sabios. No se apresura a sacar conclusiones sino que escucha qué dice la otra persona. La paciencia permanece a la puerta, allí donde el enojo hace todo lo posible por entrar, y espera a tener una visión completa de la situación antes de juzgar. La Sagrada Escritura dice: «El que tarda en enojarse muestra gran inteligencia, el iracundo pone de manifiesto su necedad» (Proverbios 14,29)

Así como la falta de paciencia transformará tu hogar en una zona de combate, la práctica de la paciencia fomentará la paz y la tranquilidad. «El hombre iracundo provoca altercados, el que tarda en enojarse aplaca las disputas.» (Proverbios 15,18)

La paciencia es el punto en que el amor se une a la sabiduría. Y todo matrimonio necesita esa combinación para permanecer saludable.

La paciencia te ayuda a darle permiso a tu cónyuge para que sea humano. Comprende que todos fallamos. Cuando se comete un error, decide darle más tiempo del que se merece para corregirlo. Te proporciona capacidad para resistir durante las épocas difíciles en la relación, en lugar de huir ante la presión.

«Procuren que nadie devuelve mal por mal. Por el contrario, esfuércense por hacer siempre el bien entre ustedes y con todo el mundo» (I Tesalonicenses 5,15)

A pocos de nosotros nos resulta fácil la paciencia, y a ninguno le surge en forma natural. Sin embargo, es un buen punto de partida para comenzar a demostrar el amor verdadero.

Este viaje para atreverse a amar es un proceso, y lo primero que debes decidir poseer es paciencia. Considéralo como un maratón, y no una carrera corta. Sin embargo, es una carrera que vale la pena correr. (Fuente: Stephen y Alex Kendrick El desafío del amor)

EL DESAFÍO DE HOY:

Aunque el amor se comunica de distintas maneras, nuestras palabras a menudo reflejan la condición de nuestro corazón. Decide mostrar paciencia y no decirle nada negativo a tu cónyuge. Si surge la tentación, elige no decir nada. Es mejor contenerte que expresar algo que luego lamentarás.

Ten a la mano una Biblia Católica aquí tienes un enlace:
http://www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM
y medita los textos siguientes:

Santiago 3,1-12;
Lucas 6, 45;
Gálatas 5,19-26
Salmo 51,12
Ezequiel 36,26-27
1 Juan 3,18


Escucha la charla Vigilancia y Calma de Fray Nelson Medina:
https://www.youtube.com/watch?v=-pjiW7bZE_4